MARIA CIENFUEGOS

NANCY MOREJÓN / SOBRE MEMORIA INSTRUCTIVA PARA PENETRAR LA PIEL,

MUESTRA DE MARÍA CIENFUEGOS LEISECA

Durante todo el mes de abril la galería de la Biblioteca Rubén Martínez Villena de la Plaza de Armas de La Habana Vieja exhibió una interesante muestra de fotos de la joven artista María Cienfuegos Leiseca.

Ya entrado el siglo XXI, el modo de arte que es la fotografía, uno de los más modernos de la historia, incorpora a sus diferentes estilos elementos de la tecnología y de la electrónica para convertirse, en ocasiones, en un misterioso lenguaje que la poesía ampara en su deseo de perpetuar una estética del entorno marcada por una mirada a la fauna y la flora del planeta.
Es el caso de lo que nos presenta María Cienfuegos Leiseca: un ojo observador que tras la transparencia de un lente le ha sido dado fabular hasta volver materia de poesía el cuerpo de un pez, multiplicado hasta la saciedad, para devolver al espectador el sentido bíblico y el sentido epocal de unos peces que representan la posibilidad de la creación y de su signo, la reproducción de la vida.

Hay en el lente de María una voluntad de transformar en metáfora el entorno de estos peces que reconocemos no en su movimiento bajo las aguas sino en el momento en que el científico que los investiga los nombra.

Aquí, el cuerpo del pez, podría recordar la leyenda marina de “Cuerpo del delfín”, aquel poema inolvidable del pintor Fayad Jamís cuyos versos volvían y regresaban a la mirada múltiple de un animal marino insólitamente cantado por el poeta de Los puentes.

Ante estas fotos de una extraña hermosura, vamos de la mano de un pez luna (Vomer setapinnis) en su inusitado esplendor desplazándose a todo lo largo de una revisión instructiva del cuerpo de otro pez hasta topar con un Achirus humeans, resucitado gracias a las nomenclaturas de Linné, durante 1758. Tres siglos más tarde, María nos invita ante todo a un paseo que testimonia al detalle las herramientas, las formas, el apunte, de aquellos científicos que almacenaron la fauna marina de las islas.

Y así es cómo se nos revela esta crónica hecha de luces y sombras que aúna la quietud de un ojo de pez con la exacta memoria que nos instruye para penetrar la piel de un animal muerto, vivo ante nuestros ojos por la gracia del instante atrapado bajo el lente de María quien bien aprende la
lección del francés Cartier-Bresson. Esa lección indica y marca un concepto que agradecemos los que asistimos a una muestra reveladora en su visión del tiempo y del entorno.

La curadora de la muestra, Sara Alonso, acepta el orden de la observación y, al mismo tiempo, el de la metáfora cuando fundamenta su trabajo en un despliegue de cuatro collages instalados en el breve espacio en que se asienta esta aventura fotográfica, audaz, tierna y sencilla, que alimenta el joven oficio de María Cienfuegos Leiseca.

La tesis de esta curaduría es la exploración de un mundo real, tangible, presentado al espectador con un incuestionable tratamiento onírico para darle esa belleza que nos conmueve y nos augura próximas propuestas de una fotografía, bíblica y humana a la vez, que nos descubre la posibilidad de un hecho poético en su puro quehacer en la médula de un hueso preñado de aguas, tierra y futuro.

La Habana, 2 de mayo, 2010